Puertas que se abren y se cierran
Albergando murmullos y suspiros
Esta vez no corro, por el contrario
Mi impaciencia se transformó en quietud
Y hoy apoya sus asentaderas en esta silla.
Los muros y demás edificios
Cobran peaje al sol, que se las ingenia
Para colarse por esta ventana
y cobijar un poco mi alma
La mudez de sus rostros
No necesitan carteles
De enfemeras alzando su dedo
Sus esperanzas, algunas… las mas…
Diluídas en el balde de lavandina
De esa mujer que esta limpiando
Otras… las menos…
Aferradas con uñas y dientes
En sus propias mentes…
Solo buscan convencerse,
De lo que tal vez no ocurra,
De eso que quizás pase,
Del milagro que pueda producirse…
4 de septiembre de 2009
Vaciamente concurrida

Y te cruzo a vos plaza, que también estas tan sola y tan vacía esta noche.
Es que te siento compañera, sin embargo te cruzo y te abandono
como muchas cosas que uno abandona a diario…
Como la risa espontánea en momentos de tristeza,
como el vino, cuando uno considera que ha bebido demasiado,
como la confianza en aquellas personas.
Así te dejo con tus añoranzas lisonjeras,
con la humedad entre tus paredes brumosas,
y me escapo de vos, pero también me escapo de mi,
porque a veces yo tampoco me entiendo,
porque yo a veces tampoco me conozco.
Pero hoy que me siento contenida,
por la noche tan fría,
creo que soy yo,
hoy más que nunca.
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